¿Porqué atraemos parejas negativas?


FUERA DEL DIVAN 

SALUD ALTERNATIVA 118


EN ESTA EDICIÓN: “¿Por qué atraemos parejas negativas?”


INTRO

Muchas veces, y casi de manera inconsciente, nos rodeamos de personas que “no nos convienen”. Parecieran que estas nos persiguen y siempre terminamos formando vínculos negativos, absorventes y que nos quitan la energía. Comúnmente, atribuimos estas “relaciones tóxicas” que entablamos a la mala suerte o a las características personales del otro. Es decir, siempre evadimos la responsabilidad y “tiramos la pelota afuera”. 

Pero, ¿es esto realmente así? ¿Son las personas las negativas o somos nosotros quienes atraemos y forjamos ese tipo de relaciones conflictivas y dolorosas? Esta es la pregunta que le hicimos a nuestra psicóloga, la licenciada Claudia De Angelis. El resultado fue una charla riquísima, con muchos consejos para lograr sanar nuestro interior y, en consecuencia, nuestros vínculos amorosos.



Salud Alternativa: Claudia, hoy quiero preguntarte acerca de una situación que siempre me ha llamado mucho la atención. Se trata de las personas que, una y otra vez, entablan relaciones de pareja negativas. Parecen adictas a formar vínculos insanos, amores coflictivos que siempre terminan mal. Es habitual escucharlas siempre criticando y echando la culpa de todo al otro. Pero parece que nada aprenden de sus malas experiencias porque otra vez vuelven a formar una relación que les complica la vida. Pero, ¿es esto realmente así? ¿Son los otros los negativos o son ellos mismos los que atraen y forjan ese tipo de relaciones destructivas?

Claudia De Angelis: En realidad, las parejas son el resultado de la combinación de las individualidades. Una persona negativa, “mala onda”, insegura o adicta generará una relación parecida a sí misma. Lo individual se proyecta y se combina con el otro en una relación de dos.


SA: Entonces, la culpa no sólo es de una de las partes… 

CDA: Claro que no. Siempre es una cuestión de a dos. 


SA: ¿Pero existen o no la famosa “gente negativa”? 

CDA: Por supuesto que existe. Por ejemplo, hay muchas personas que viven solas incapaces de establecer una relación íntima de modo constructivo, saltan de una relación a otra, buscan vínculos pasionales que los llevan del éxtasis a la guerra. Pero también hay otros que continúan juntos en una relación disfuncional (en la que prevalece la negatividad) por el bien de los hijos, por la seguridad, la fuerza de costumbre, el miedo a estar solos o por conveniencia económica; y esto también los convierte en personas negativas. Julia, quedo perfecto y claro.


SA: Y en una pareja, ¿una persona negativa puede contagiar al otro su negatividad? 

CDA: Totalmente. Es muy común que una persona negativa termine enviciando a la que está en equilibrio, salvo que esta lo note a tiempo y se aleje de la relación. Como decían nuestras maestras cuando éramos chicos, “la manzana podrida pudre a todas las demás”. El desequilibrio de un componente dentro del sistema obliga al cambio y reposicionamiento de los otros. 


SA: ¿Y por qué atraemos este tipo de relaciones? Hay personas, incluso, que este tipo de vínculos se vuelve algo crónico: Julia esta parte no la entiendo: los repiten una y otra vez y no pueden salir de ellos. 

CDA:Que esto ocurra una vez puede ser casualidad, pero si esta forma de elección se repite en el tiempo, la respuesta es porque reflejamos nuestra sombra en el otro. El otro nos hace de espejo de la parte de nuestra personalidad que está oculta. Allí guardamos todo lo que no nos gusta mostrar o no queremos admitir (en este caso, lo negativo). Esto es lo que los terapeutas llamamos la sombra. 


SA: ¿La “sombra”? Nunca había escuchado ese término aplicado a la psicología…

CDA: La sombra es lo que mandamos al fondo de nuestro ser durante el transcurso de la vida, adonde no llega “la luz”. Lo bueno se muestra, lo malo se esconde bien profundo. El problema es que no hay posibilidad de esconder nada sin que resurja cada tanto. 


SA: Explicame un poco más…

CDA: Los seres humanos somos duales, esto significa que dentro nuestro existen los opuestos: buenos-malos, generosos-egoístas, soberbios-humildes, etc. Con esto respondemos frente a los estímulos que nos enfrentamos día a día. No hay posibilidad de ser sólo bueno, generoso y humilde, habrá momentos en que la situación nos despierte nuestro lado egoísta y soberbio, por ejemplo. 


SA: ¿Y por qué hacemos esto?

CDA: Esto ocurre porque el mundo nos pide que reflejemos sólo lo que nos garantizará amor y aceptación. Desde muy pequeños le mostramos a nuestros padres cuán buenos y obedientes somos. Creemos que eso nos asegura el cobijo y cuidado necesario para sobrevivir cuando aún no lo podemos hacer por nuestra propia cuenta. Luego nos mostramos solidarios y compresivos con nuestros pares para ser elegidos y seguimos reprimiendo nuestro lado oscuro.


SA: Pero todos sabemos que contener y negar ( cambie esto por reprimir, que aparecia tres veces en cuatro renglones lo que somos y lo que nos pasa no es nada bueno… ¿Qué pasa con todo lo que reprimimos, a largo plazo?

CDA: Se va acumulando y nos disocia, ahí comienza el problema. Esto puede tener dos salidas: la primera es que lo reconocemos y elaboramos, la segunda que lo negamos y proyectamos en el otro. Si optamos por este último camino, empezamos a atraer parejas negativas.


Hacerse cargo o echarle la culpa al otro.

SA: A ver, vamos por partes. ¿Cuál es el accionar cuando optamos por la primera salida?

CDA: En este caso, reconocemos nuestra parte negativa, nuestra sombra. Por ejemplo, si estamos siendo egoístas con la pareja, asumimos y analizamos para qué se disparó esta reacción. La actitud de buscar la respuesta es madurar y evolucionar y nos permite construir parejas sanas, con capacidad de crecimiento y futuro. La respuesta a este comportamiento podría ser, por ejemplo, que hayamos obrado con algo de egoísmo porque necesitemos ponerle freno y límite al otro. Aquí la conducta es que nos hacemos cargo.


SA: ¿Qué pasa, en cambio, si no aceptamos esto y lo negamos?

CDA: En este caso, no reconocemos nuestro accionar y sentir negativo, y hacemos cargo al otro de nuestra reacción. Entonces, aparecen los constantes reproches y demandas hacia él, las cuales friccionan continuamente la relación, bloquean la comunicación y entorpecen la posibilidad de un vínculo continuo y armonioso.Vayamos a un ejemplo:Pensemos en una persona celópata, tenga o no motivo alguno para disparar sus continuos ataques de celos contra su pareja, encontrará cualquier argumento para apoyar su reacción, que lo miraron, que no contestó el teléfono, que el tono de voz con el que contestó era sospechoso, que porque no la llamó en determinado momento, porque llegó tarde, crean escenas inventadas que involucran a las ex parejas, a la familia y amigos, todos se ponen bajo sospecha de esta interminable situación de persecución.

La actitud de proyectar lo negativo en el otro garantiza la atracción de parejas negativas, ya que el otro está funcionando como reflejo de nuestro negativismo (sombra). En este caso la conducta es hacer cargo al otro.


SA: Entiendo… para decirlo en forma simplificada sería: hacernos cargo nos permite una pareja sana y hacer cargo al otro, no.

CDA: Así es, hacernos cargo nos asegura encontrar un compañero con el cual se pueda construir un proyecto de vida, donde cada uno asuma sus cuestiones y crezca individualmente. Hacer cargo al otro, garantiza la mala elección, un otro inmaduro y negador, exactamente igual y en proporción a nosotros mismos.


SA: Reflejamos en el otro lo que en verdad somos…

CDA: Claro, por algo se llama pareja. Algo parejo es, justamente, algo que está al mismo nivel.


Un reflejo de la relación con uno mismo.

SA: En esto que venimos charlando y tal cual lo estamos definiendo, ¿la actitud de hacerse cargo, nos habla de nuestras propias características y refleja una pareja madura y en positivo?

CDA: Así es y la atracción de parejas negativas nos define que lo parejo, en este caso, es la negación y la proyección de esto que no se asume y es negativo.


SA: Como en tantas de nuestras conversaciones, una vez más, llegamos a la conclusión de que nada nos libra de ser los responsables de todo lo que nos pasa.

CDA: Exacto. Nada ocurre por casualidad. La continua elección de parejas negativas y, por lo tanto, disfuncionales es pura responsabilidad nuestra.


SA: Entonces, cuando la formación de parejas negativas se vuelve algo recurrente, nuestro interior es el que está mal y rozamos el terreno de lo patológico… 

CDA: Sí, la atracción de parejas negativas “espejan” nuestra incapacidad de mirar nuestro interior con un compromiso de cambio. Ellas en sí mismas constituyen una alarma que insta al cambio de foco, a mirar las cosas desde otro ángulo.


SA: ¿Y cómo hacemos para desactivar esa alarma?

CDA: Debemos asumir lo negativo que ocultamos y será hora que dejemos de poner las miserias afuera y nos hagamos cargo de nuestra sombra, para provocar el propio cambio y así atraer parejas con las cuales se pueda crecer juntos.


SA: ¿Esto se puede realizar a solas o hace falta un profesional?

CDA: El trabajo siempre es individual y se puede realizar sin ayuda, el tema es comprometerse en serio, dejar de negar lo propio. Asumir, desilusionarse, llorar, sufrir, dejar de culpar, sanar heridas, perdonar y, a partir de allí, reencontrarse con uno mismo para evitar proyectarlo en el afuera. Cuando uno adopta este compromiso y esta forma de vida, no sólo atrae parejas más equilibradas sino todo tipo de vínculo: amistades, colegas, familia, etc. La vida en sí misma adquiere otra calidad y otra trascendencia.



Tipos de parejas disfuncionales

Aquí enumeramos algunas de los vínculos amorosos que podemos definir como negativos:

 

Pareja Psicopática: Esta pareja es verticalista, cuya característica fundamental  es el juego de poder: uno se posiciona sobre el otro y estas posiciones van cambiando continuamente. La conducta repetitiva es el sometimiento a través del abuso psicológico y a veces hasta físico. La desvalorización es una constante, ya que es el arma utilizada para degradar al otro, someterlo y posicionarlo por debajo. El agredido proyecta lo negativo sobre el opresor mostrándose como “víctima”, pero en realidad también ejerce presión y agresión desde lo verbal. El sado-masoquismo es el arquetipo utilizado en este tipo de pareja. 


Pareja Infiel: La infidelidad puede provenir de uno o ambos miembros de la pareja, y ésta puede ser discreta o descarada. La mayoría de las veces, estas parejas se muestran perfectas frente a los ojos de los demás. El sostener esta pareja con este nivel de “perfección” muchas veces provoca “la envidia de los demás”. El exagerado buen trato, cariño y excesivo cuidado del otro, se muestra con ahínco frente a los otros para no generar sospechas; pero en la intimidad no hay tal cosa, la persona engañada vive una triste soledad. La gente suele quedarse con lo que ellos muestran y no con lo que SON. Los integrantes de la misma, no reconocen la profunda soledad en la que se encuentran cuando están fuera de escena. Hay carencia de vínculo real. Estas actitudes debilitan a la persona engañada y ésta no quiere asumir que algo no está funcionando con normalidad. Se obliga a vendarse los ojos con tal de no quedarse sola o perder su conveniencia económica. Lo negativo del otro está velado por los “buenos modos” entonces aquí se hace muy difícil tomar la decisión de quitar ese velo. 


Pareja Narcisista: La belleza, la aptitud física, la estética y, eventualmente, la fama son los valores más importantes en este tipo de pareja. La elección se produce a partir del aspecto físico y el lugar de atracción que cada uno ocupa dentro de la sociedad. El interior del ser pasa a segundo plano, al igual que lo intelectual (esto no descarta que las personas bellas puedan ser profundas, sensibles, valiosas e inteligentes, sólo se está describiendo las parejas patológicas con estas características). El aspecto negativo que encontramos en este tipo de parejas es que al preponderar el aspecto exterior como atractivo principal, la conducta negativa se niega, siendo lo más importante la “belleza física”. Por acompañar semejante trofeo, se paga cualquier precio. No se le da importancia a la comunicación ni al vínculo emocional, sino al interés de destacarse socialmente frente a los demás.


Pareja Deber-Ser: son uniones sociales, convenidas. Se eligen respondiendo a los mandatos familiares, inconscientes o no. Las pautas de elección tienen que ver con los estratos sociales y los lugares de pertenencia. Las decisiones se toman en tiempo y forma con el consentimiento de las figuras familiares más influyentes. El protocolo se sigue al pie de la letra. Lo negativo del otro, en estos casos ESTA PROHIBIDO de verse, reconocerse y ser llevado a la luz. Los apellidos y la posición económica son valores fundamentales que sostienen estas parejas. Al principio, son parejas que responden perfectamente a los cuentos de hadas, pero lejos están de serlo. Pensemos como ejemplo el matrimonio de Lady Di y el príncipe Carlos de Inglaterra. El sueño de cuento de hadas terminó siendo la peor de las pesadillas y el ocultamiento de un sin número de mentiras. Lo negativo aquí estuvo vedado de salir a la luz durante años, por conveniencia e intereses reales. Algo parecido ocurre en las distintas colectividades cuando son muy cerradas. La pregunta sobre porqué se atrae una pareja negativa en este caso está velado por lo social y los intereses económicos propios y ajenos.